miércoles, 26 de marzo de 2014

Aún duele

Hola, no vengo a pedirte explicaciones sobre por qué te fuiste, o por qué no me acompañaste durante más tiempo. Sólo venía a recordarte que no me olvido de nada de todo lo que hiciste por mí, de las cosas que me enseñaste. Recuerdo con lujo de detalle cada una de esas noches en las que me convidabas un postre diferente cada vez y me contabas cómo fue tu juventud, cómo creciste y cómo te fuiste adaptando a los cambios del mundo.
Hace 5 años, no tenía la conciencia suficiente como para saber que todo termina en algún momento y que tenemos que aprovechar al máximo aquello que queremos mientras lo tengamos. Hoy en día me arrepiento de no haberte mencionado nunca que eras mi persona favorita en el mundo, y que lo seguís siendo. Nunca supe cómo decirte que eras mi segundo padre, ese que no te da la vida, ese que elegís por tus propios medios, que ocupará siempre un gran lugar en tu corazón al igual que cuando se vaya, quedará un gran vacío.
Escuché a muchas personas decir que no necesitamos lo que perdimos, porque el destino lo quitó de nuestra vida por alguna razón. Entonces compruebo que en realidad no te perdí, porque aún te sigo necesitando igual que cuando era tan sólo una niña y esperaba sentada en el patio que regreses de trabajar, sólo para verte un rato porque te extrañaba. Imaginate que te extrañaba sólo por no verte durante unas pocas horas, y ahora hace 5 años que no te veo.
Sé que me estás viendo mientras escribo esto, perdón por las lágrimas que se deslizan en mis mejillas, sé que querés que sea feliz, pero a veces es necesario hacer un descargo de las angustias cotidianas con las que lamentablemente aprendí a convivir, convirtiéndome en un ser casi apagado, sin la alegría de aquella pequeña que recuerdas haber tenido entre tus brazos durante largos ratos en los que ninguno hablaba, esa niña que apenas llegaba a apoyar su cabeza en tu panza cuando te abrazaba, esa que ya no soy.
Nunca me cuestioné el por qué tuviste que irte, porque pienso que una persona puede irse cuando cumplió verdaderamente con su destino, y el tuyo era vivir una vida a pleno. No dejaste de luchar hasta el último momento y eso demuestra en vos un espíritu de valentía que me será difícil encontrar en otra persona.
Creo que fue esa misma noche del 7 de febrero de 2009, en la que salí al patio en el que habituaba verte a esa hora, pero vos no estabas ahí para mí. Fue entonces que decidí mirar al cielo, y en las estrellas encontré el brillo de tu mirada apacible, demostrándome que estarías conmigo siempre que te quisiera buscar en las cosas más simples. Tal vez es por eso que me reconforta tanto mirar hacia el cielo.
Recuerdo que al principio fue un shock muy fuerte para mí el comprender que ya no estarías ahí cada vez que quisiera hablar con vos. Durante varias noches tuve un sueño extraño. Soñaba que nada de todo esto había pasado, pero en tu lugar había otro hombre, no eras vos. Él no me quería, me maltrataba y no me escuchaba cuando le hablaba. Cada vez que tuve este sueño, desperté llorando. Hoy en día entiendo que ese sueño reflejaba mi miedo a que alguien intente ocupar tu lugar en mi vida, algo imposible de lograr ya que fuiste para mí muchísimo más de lo que podrías llegar a imaginar.
Tengo que confesarte que no soy la misma persona de la que te despediste 5 años atrás. He cambiado en todo sentido. Crecí física y psicológicamente, contra mi voluntad, pero lo hice. Hay sólo una cosa de la que estoy completamente segura y es que, de tener la oportunidad, volvería el tiempo atrás, a esa época en la que estabas conmigo y todo parecía más simple y fácil.
Hay momentos en los que me considero estúpida por intentar buscarte en las pequeñas cosas que me da la vida, porque pienso que ya no estás conmigo, pero hasta ahora ninguno de esos intentos fue en vano. En cada palabra escrita, en cada página leída, en cada calle recorrida, en cada estrella, en cada lágrima, en cada canción, en todos lados un pedazo de tu alma me vigila y me consuela.

Estoy orgullosa de haber tenido una persona tan grande en mi vida y que aún hoy sigue estando presente a pesar de todo. Fuiste todo lo que podía esperar de mi más grande héroe, compañero de vida y maestro. No puedo explicar con palabras la profunda tristeza que siento en este momento, y cómo esa sensación punzante justo en el medio de mi corazón se va haciendo cada vez más fuerte después de cada palabra escrita, por eso decido parar de escribir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario