Nunca, cuando comenzamos un nuevo proyecto, pensamos que vamos a llegar al momento de decir "Basta, hasta acá llegué". Al principio no queremos aceptarlo y nos negamos completamente al hecho de que aquello que con tanta ilusión encaramos, finaliza. Sin embargo, es bueno notar a tiempo que este momento llegó y hacerlo saber.
El punto del hartazgo significa el fin de una historia, un libro que se cierra, un ciclo que culmina, una etapa pasada. Cuando llegas a este punto debes agradecer al destino por haberte mostrado que verdaderamente hay cosas mejores a tu alcance, pero que cada experiencia pasada deja detrás de sí una especie de aprendizaje oculto que luego vamos encontrando con el tiempo.
Cuando se llega a ese momento de desgaste y cansancio, en el que se siente como si estuvieras encerrada, muriendo lentamente en el interior de tu pena, es cuando debemos intentar cambiar las cosas. Esto genera una especie de rebelión interna que es complicada de explicar y controlar. La mayoría de las personas se tragan todos estos sentimientos por miedo a las variaciones de la vida y terminan estallando en un momento de rabia del que luego se arrepentirán durante el resto de sus vidas.
No siempre podemos lograr cambiar aquello que nos cansó, y la única opción es abandonarlo todo. Aunque siempre digan que hay que ser perseverante y continuar intentando, hay cosas realmente irrealizables y con la imposibilidad de decidir otra cosa más que abandonar. Esto no siempre es tan malo como parece. Un fin siempre significa un nuevo comienzo, y un nuevo comienzo siempre está colmado de cosas positivas.