Brunela es una adolescente a quien la vida no se le
presentaba de una manera sencilla y fácil de llevar como a la mayoría de sus
pares. Ella tenía en claro que ninguno de sus amigos tenía una vida perfecta,
pero ellos sí eran capaces de llevarla adelante con normalidad y sin la
necesidad de hablar absolutamente todos sus problemas con alguna persona que al
menos escuche. Brunela había nacido con esa necesidad, pero nunca había
confiado tanto en alguien como para contarle todo su sufrimiento durante sus 14
años de vida.
De pequeña, Brunela era muy unida con su abuelo materno, de
quien era su única nieta mujer y la menor de todos sus nietos. Ellos hacían
miles de locuras juntos. Iban a pescar, hacían dulce de higos con los higos que
juntaban los domingos por la mañana en el patio, disfrutaban juntos de largas
charlas, a su abuelo le encantaba contarle cosas sobre su vida, tenía miles de
anécdotas guardadas en su mente. Su nieta siempre se sorprendía al ver lo mucho
que sabía el anciano sobre pájaros, aves y animales silvestres. Fue un golpe
muy duro para ella cuando a la corta edad de 9 años, todos esos días
compartidos con su abuelo acabaron de golpe. Era una mañana lluviosa de febrero
cuando su madre la despertó con la peor noticia que esa niña podría haber recibido.
Le arrancaron de un tirón a quien fue su mejor amigo durante todo ese tiempo.
Brunela no asistió al velorio de su abuelo, en lugar de eso, permaneció en su
casa reflexionando y tomó una decisión muy madura a pesar de su edad, que fue
permanecer fuerte y callada por fuera aunque por dentro tenga esas ganas de
gritar todo el dolor que sentía en ese momento, pero pensó que eso agregaría
dolor al corazón de las personas que amaba.
Pasaron los años desde ese trágico suceso, Brunela creció
sin saber cómo descargar todo ese dolor que con el pasar del tiempo se fue
acumulando. Fue en su último año de primaria, cuando conoció a quien pensó que
sería su salvación. Era un muchacho alto, esbelto, gordo y de tez oscura. A
pesar de sus diferencias, en seguida aprendieron a convivir creando entre ellos
un lazo de verdadera amistad que parecía inquebrantable. El problema de Brunela
es que se preocupaba demasiado por las personas de su alrededor y no era capaz
de mirar hacia adentro todo ese dolor que se acumulaba en su corazón por su
propia vida y por los sufrimientos de quienes ella amaba de verdad. Su mejor
amigo no la escuchaba ni una sola vez, decía que sus miedos y sentimientos eran
infantiles y le hablaba sobre su dolor que era algo muy superior a los de la niña.
Brunela lo escuchaba y aconsejaba porque ella en verdad lo quería. Al finalizar
el año, el último día de clases, el muchacho la abrazó con todas sus fuerzas y
le dijo que se mudaría lejos del pueblo en el que vivían, y que probablemente,
nunca regrese. Recordando la promesa que había hecho al morir su abuelo,
Brunela contuvo sus lágrimas, sonrió y se alejó. Con el pasar de los días,
Brunela comenzó a sentir el vacío que se había abierto en su corazón hacía 4
años, ahora era más grande. Comprendió que por más que lo intente, nunca nadie
podría remplazarlo. Él fue todo para ella.
A sus 13 años, mientras cursaba el primer año del colegio
secundario, Brunela descubrió una forma de expresar sus sentimientos sin
lastimar a nadie. Brunela comenzó a escribir, sólo para ella, narrando por qué
se sentía tan mal consigo misma. Esto le sirvió para ir revelando lentamente
quién es en realidad, de dónde viene y adónde va. Fue relatando en su diario
íntimo a lo largo de toda su vida, sucesos que le dejaron alguna marca, y
guiada por ese pequeño librito, pudo justificar sus acciones y sentimientos
actuales, porque toda acción tiene su consecuencia y si se busca la causa, es
fácil encontrarla.
Al día de hoy, Brunela tiene 14 años y en unos meses
comenzará a cursar el segundo año de su escolaridad secundaria. Es una
adolescente muy insegura de sí misma, que duda de absolutamente todo lo que
hace o dice y sigue sin soportar reunirse con personas o tener una vida social
fuera de su casa. Ella disfruta de las fiestas, pero no estaría todos los fines
de semanas de fiesta, prefiere quedarse una noche en pijama, en su computadora,
despeinada, o jugando con su hermano y desayunando antes de irse a dormir. Eso
es lo que la mayoría de las chicas de su edad no comprenden. Ella odia seguir
las modas, porque eso la hace igual al resto y nunca vio una razón para serlo,
a Brunela le gusta ser ella tal y cual es, si bien le duele lo que opinan los
demás, no cambia su forma de pensar en lo absoluto. Esa batalla es complicada,
ya que siente que todo su entorno desea cambiarla para que sea una muchacha
perfecta, femenina y a la moda. Siente que todos la miran raro, que nunca va a
ser aceptada en la sociedad, que sus ideas no van a ser escuchadas por nadie, y
por eso nunca las revela. Sin importar lo que le digan, Brunela ha asumido ya
su papel en esta vida, tiene bien claro quién es y de dónde viene, adónde va se
lo dirá el destino. Ella sabe que disfruta más en la compañía de muchachos que
la respetan que en un grupo de chicas en el que tiene que competir con sus
pares para ser considerada alguien importante o especial. Sabe que la relación
que tiene con su hermano es especial, ya que nunca pasaron de una discusión de
unos pocos minutos, y son inseparables el uno del otro.
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