Nunca he conocido dolor similar al de aquella mañana. Eran aproximadamente
las 10 de la mañana, cuando desperté y mis lágrimas comenzaron a caer tras
escuchar aquellas horribles palabras provenientes de la boca de mi madre. En
días anteriores, las cosas no marchaban con normalidad en mi casa. Mis padres
se ausentaban muchísimo de casa por ir al hospital a cuidar a aquella persona
que en ese momento yo más amaba en este mundo. Al cuarto día de que esta rutina
se repitiera, mi madre me despierta con sus ojos hinchados y llenos de
lágrimas. Las palabras que salieron de su boca, fueron las más horribles que he
oído en mi vida. A esa edad, eran las últimas palabras que imaginaba escuchar,
ya que no tenía noción de la situación por la que este hombre estaba atravesando.
10 de la mañana, 7 de febrero, 1000 lágrimas, 100 gotas
cayendo del cielo, un adiós que no se repetiría ni obtendría respuesta, un alma
devastada y otra que ascendía hacia el cielo. Tantas cosas pasaron por mi
cabeza en ese instante que lo único que logré hacer fue abrazar a mi madre con
todas mis fuerzas, intentar contener mis lágrimas y esbozar la sonrisa más
difícil de mi vida para demostrar que ya entonces era una muchacha fuerte que
no se daba por vencido y que avanzaba
hacia adelante sin importar lo que pase, además de intentar aparentar estar
bien frente a un alma casi tan dolida como la mía.
Tengo que admitir que no me gusta hablar sobre este momento
de mi vida porque no me gusta que me vean llorar como lo estoy haciendo en este
momento, o como lo hice hace ya 5 años. Estar toda esa cantidad de tiempo sin
una persona tan amada es mi desafío diario. Desde ese día despertar no tiene el
mismo significado, porque sé que no lo voy a ver al salir al patio, respirar es
cada vez más difícil por los nudos que se me hacen en la garganta al
recordarlo, pero dormir es hermoso, porque al dormir puedo soñarlo, y aún lo
veo como lo vi siempre, con esa sonrisa con la que llenaba mi mundo todos los
días, sin demostrar en ningún momento tener ningún problema. Todo parece real.
Parece que al despertar voy a poder verlo otra vez como antes y lo voy a poder
abrazar como hace 5 años que no puedo hacerlo.
Él era el motivo por el que me levantaba temprano cada
domingo, porque siempre tenía una aventura nueva por emprender juntos. Recuerdo
aún cuando me llevaba a juntar higos de la planta que estaba en aquel gris
jardín olvidado, con los cuales por la tarde hacíamos dulce. Recuerdo también
cuando me enseñaba a disfrutar del sabor de la comida y no sólo comer por
necesidad, sino por placer. Permanecen en mi mente aquellas noches que
pasábamos juntos alrededor de la mesa, discutiendo sobre cómo eran las cosas en
sus tiempos y cómo fueron cambiando. Recuerdo su alegría con cada logro, su
orgullo al verme progresar, el cariño que me transmitía con cada abrazo, la
tranquilidad que reinaba en cada una de sus palabras. Nunca necesité tanto a
alguien.
Es injusto que vos me veas nacer y yo tenga que verte morir,
pero sé que al final todos viajamos hacia un mismo lado. Nos vemos al final del
camino, mientras tanto seguiré llorando.
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