viernes, 3 de enero de 2014

La ausencia

Nunca he conocido dolor similar al de aquella mañana. Eran aproximadamente las 10 de la mañana, cuando desperté y mis lágrimas comenzaron a caer tras escuchar aquellas horribles palabras provenientes de la boca de mi madre. En días anteriores, las cosas no marchaban con normalidad en mi casa. Mis padres se ausentaban muchísimo de casa por ir al hospital a cuidar a aquella persona que en ese momento yo más amaba en este mundo. Al cuarto día de que esta rutina se repitiera, mi madre me despierta con sus ojos hinchados y llenos de lágrimas. Las palabras que salieron de su boca, fueron las más horribles que he oído en mi vida. A esa edad, eran las últimas palabras que imaginaba escuchar, ya que no tenía noción de la situación por la que este hombre estaba atravesando.
10 de la mañana, 7 de febrero, 1000 lágrimas, 100 gotas cayendo del cielo, un adiós que no se repetiría ni obtendría respuesta, un alma devastada y otra que ascendía hacia el cielo. Tantas cosas pasaron por mi cabeza en ese instante que lo único que logré hacer fue abrazar a mi madre con todas mis fuerzas, intentar contener mis lágrimas y esbozar la sonrisa más difícil de mi vida para demostrar que ya entonces era una muchacha fuerte que no se daba por vencido y  que avanzaba hacia adelante sin importar lo que pase, además de intentar aparentar estar bien frente a un alma casi tan dolida como la mía.
Tengo que admitir que no me gusta hablar sobre este momento de mi vida porque no me gusta que me vean llorar como lo estoy haciendo en este momento, o como lo hice hace ya 5 años. Estar toda esa cantidad de tiempo sin una persona tan amada es mi desafío diario. Desde ese día despertar no tiene el mismo significado, porque sé que no lo voy a ver al salir al patio, respirar es cada vez más difícil por los nudos que se me hacen en la garganta al recordarlo, pero dormir es hermoso, porque al dormir puedo soñarlo, y aún lo veo como lo vi siempre, con esa sonrisa con la que llenaba mi mundo todos los días, sin demostrar en ningún momento tener ningún problema. Todo parece real. Parece que al despertar voy a poder verlo otra vez como antes y lo voy a poder abrazar como hace 5 años que no puedo hacerlo.
Él era el motivo por el que me levantaba temprano cada domingo, porque siempre tenía una aventura nueva por emprender juntos. Recuerdo aún cuando me llevaba a juntar higos de la planta que estaba en aquel gris jardín olvidado, con los cuales por la tarde hacíamos dulce. Recuerdo también cuando me enseñaba a disfrutar del sabor de la comida y no sólo comer por necesidad, sino por placer. Permanecen en mi mente aquellas noches que pasábamos juntos alrededor de la mesa, discutiendo sobre cómo eran las cosas en sus tiempos y cómo fueron cambiando. Recuerdo su alegría con cada logro, su orgullo al verme progresar, el cariño que me transmitía con cada abrazo, la tranquilidad que reinaba en cada una de sus palabras. Nunca necesité tanto a alguien.

Es injusto que vos me veas nacer y yo tenga que verte morir, pero sé que al final todos viajamos hacia un mismo lado. Nos vemos al final del camino, mientras tanto seguiré llorando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario