sábado, 27 de julio de 2013

Un encuentro

Nadie me comprende, nunca nadie lo hará, yo lo amo a él y a nadie más. Todas sostienen que es feo pero ¿a quién le importa lo exterior? Yo quiero que me ame sinceramente, no que me mienta. Yo necesito que me escuche, no que me abandone.
Cuando recuerdo aquella tarde en que lo conocí mil pensamientos vienen a mí. Lo estúpida que fui en ese momento. Mi inservible forma de ser, prejuzgando a las personas por su exterior sin ver un poco más por dentro. Aún recuerdo su sonrisa amable preguntando mi nombre. En ese momento me temblaba el piso, no puedo olvidarlo. Respondí a todo cortante y seca, no entendía el motivo de mi emoción pero tampoco me moleste en buscarlo. Ahora daría lo que fuera por tenerlo tan cerca como aquella vez, pero no puedo. Él promete cosas que probablemente cumpla en un futuro lejano, pero yo necesito un presente juntos.
Estando a distancia nada es igual, ambos necesitamos estar juntos como aquella tarde. Sin hablar, sólo mirándonos fijamente el uno al otro. Recuerdo tan bien su sonrisa, esos ojos que te encierran y te obligan a desconectarte del mundo sólo para mirarlos. Esa vez no conocía todas estas cosas, no me gustaba que me hablara ni que me mirara pero por alguna extraña razón yo no podía parar de hacerlo.
Ahora me doy cuenta de que en ese momento yo era igual a todas. Miraba solo lo exterior sin ver un alma abierta ni dejar a nadie ver la mía. Me ocultaba detrás de una dura coraza que creí que nadie podría penetrar nunca. Él logro hacerlo en ese momento, yo no lo advertí pero él vio mi alma. Él me vio por dentro. Yo, compenetrada en mi frío mundo de exteriores fantásticos y almas podridas, no quise ver lo que ante mis ojos se presentaba. Ese ser de luz que irradiaba frente a mí y que yo me negaba a ver, logró ser visto mucho tiempo después, por mi nueva personalidad.
No sé cuándo cambié, tampoco sé si esos cambios están bien, lo que sé es que por haber cambiado pude ver al fin qué personas me rodeaban en ese momento. Logré ver la verdad de muchas personas, incluyéndolo. Dejé de pensar en exteriores de lujo y empecé a pensar en personas perfectamente imperfectas, con un alma pura y maravillosa.

No digo que no tenga defectos, lo que pasa es que llegue al punto en el que esos defectos ya no me importan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario