Nunca perder la esperanza, a eso me enseña cada día. Él me
ha enseñado a querer a una persona más que a la propia vida. También me enseño
a escribir, a desahogarme, a poder decir todo lo que siento sin guardarme nada
para mi interior. Junto a él aprendí a aceptar que estar lejos es una triste
realidad que los dos afrontamos pero que el reencuentro es un hermoso momento
que los dos esperamos. Él es la persona que me enseña día a día que los
kilómetros son sólo números, que la distancia no significa nada para dos
personas que se quieren y que todo momento que pasemos juntos nos va a hacer un
poco más felices. Cada recuerdo compartido está guardado en un rincón de mi
memoria. Me gusta, de vez en cuando, sacarlos al sol, mirarlos uno por uno sin
perderme ningún detalle, y después guardarlos otra vez, cuidadosamente, en el
mismo rincón de mi memoria.
Las personas que más quiero están lejos de mí, será por eso
que me alejo cada vez más de las que aún están conmigo. Me he dado cuenta que
últimamente prefiero vivir en una eterna fantasía donde estamos juntos que
afrontar la cruda realidad de que no lo puedo ver. Nunca voy a querer tanto a
alguien como a él, nadie nunca tomará su lugar, es único y tiene una gran parte
de mi corazón en su mano. Si él se va, mi mundo se derrumba. Mi felicidad
depende de él y de nadie más. Es la única persona que me hace sentir tan
especial, no sé si es su forma de decirlo o que estoy ciega por amor pero es el
único que me hace ver claramente cómo son las cosas.
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