Solo, en un pueblo perdido entre los ecos del tiempo. En aquella llanura solitaria, se encontraba Tom.
Era la hora de la siesta, y en su pueblo, parecía una obligación dormir. Tom, como siempre, salió a pasear a esa hora, cuando nadie lo veía. El pueblo era tan pequeño que recorrerlo entero no le llevaba más de dos horas. Al terminar ese lapso de tiempo, Tom regresaba a su casa. Aunque nunca le agradó demasiado llamar la atención, ya era toda una leyenda. Algunos, que alguna vez lo vieron, describen a un chico alto y desgarbado, de unos 15 años que se la pasa mirando al piso y pateando latas.
Tom jamás se enteró de estos rumores. Él pensaba que nunca lo habían visto caminar. Hasta que un día se topó de frente con un ser que lo observaba. Era un ser hermoso y frágil que lo saludó muy cordialmente. Ella tenía el pelo castaño y sedoso, unos ojos verdes que te penetraban en el alma con sólo un ligero roce.
Su nombre era Molly. Caminaron juntos sin hablarse, sin mirarse. Hasta que ella paró, Tom la miró y Molly comenzó a reir.
- ¡Haces una cara extraña cuando algo te sorprende! Iba a decirte que si vamos a ser amigos, por lo menos deberíamos hablarnos, ¿no crees?
Tom asintió avergonzado. Nunca había tenido amigos.
- Entonces,-dijo Molly- cuéntame algo sobre ti.
- Mi nombre es Tom Delson, tengo 15 años. Mi única amiga se llama Molly, es buena persona y muy simpática. Me gusta caminar y detesto ser el centro de atención.
- Bien, ahora me toca a mi. Mi nombre es Molly Jonson, tengo 14 años. Mi mejor amigo se llama Tom, es muy lindo y tiene buen corazón. - Tom se sonrojó- Me gusta estar con mis amigos y odio los días nublados.
Ambos comenzaron a reír. Ya se hacía hora de volver a casa para Tom. Quedaron en encontrarse en la plaza a la misma hora al día siguiente.
Tom estaba feliz. Molly le había gustado desde que la vio y que le parezca lindo es un buen comienzo, aunque él quería una relación seria, habría que empezar como amigos.
Molly, en su casa, seguía pensando en su extraño encuentro con aquel chico. Era callado pero le caía bien. ¿Había hecho bien al citarlo para mañana? Era una duda que le atormentaba.
La siguiente tarde, Tom no regresó a su casa a la hora habitual sino que permaneció en la plaza junto a Molly, quien luego de contarle el conflicto que habían tenido sus padres la noche anterior, rompió a llorar. Tom la abrazaba mientras ella lloraba suplicándole que no la deje regresar a su casa.
Comenzaba a anochecer y Tom deseaba irse, pero Molly seguía llorando. En ese momento el corazón y la mente de Tom comenzaron a estar en desacuerdo: su mente deseaba volver a su casa, pero en lo más profundo de su ser, anhelaba que ese momento jamás terminara porque aunque ella estuviera llorando, para él era hermoso poderla abrazar tan fuerte como él lo deseara.
Molly interrumpió se llanto repentinamente. Había oído un sonido extraño que provenía desde detrás de un árbol. Una extraña silueta comenzó a correr desde donde miraba Molly. Ella corrió tras aquel desconocido y Tom desconcertado la persiguió.
La extraña silueta se detuvo, tomó a Molly de un brazo y la subió a una camioneta mientras ella suplicaba:
-¡Papá! ¡Suéltame por favor! ¡Yo no he hecho nada!
Tom estaba devastado. Antes de que su padre se la llevara tan violentamente ella lo miró con sus ojos profundos en tono de disculpa. Pero a Tom le pareció ver en ellos palabras escritas con lágrimas; en aquellos ojos, había escrita una dolorosa y triste frase: "te extrañaré".
Los días eran eternos para Tom. Ya no caminaba. Se encerró en su casa y se negaba a salir. Pasado un mes, sin ninguna noticia de Molly, Tom salió a caminar con la esperanza de encontrarse con esa bella chica a la que recordaba perfectamente. Nada, eso fue todo lo que vio Tom. Pero siguió repitiendo sus caminatas durante 10 años más.
En su cumpleaños número 25, Tom recibió una carta. La leyó sorprendido porque jamás había recibido nada para su cumpleaños.
Querido Tom:
Aunque la vida y las malas intenciones de un hombre perverso nos hayan separado hace tantos años, quería decirte que no te he olvidado, que te extraño con mi vida y que cuando nos conocimos sentí una gran conexión entre nosotros que, espero, siga existiendo.
Deseo que sepas por qué no has tenido noticias mías desde hace tanto tiempo, pero prefiero decírtelo frente a frente. He contado los días desde que nos separaron para volver a verte. Nos vemos esta tarde a la misma hora, en el mismo lugar.
Te amo, siempre lo hice,
Molly
Tom leía la carta una y otra vez. No podía creer lo que estaba sucediendo. "Te amo, siempre lo hice". Esta frase alegró a Tom, y fue lo que lo alentó a ir a la plaza esa tarde.
Allí estaba ella. Era como él la recordaba pero 10 años mayor. Molly corrió a sus brazos y sollozó pidiendo perdón por tanto tiempo perdido.
Lo que había ocurrido es que su padre, luego de secuestrarla, la encerró en su casa y no le permitía tener ningún contacto con el exterior. Por las noches, cuando estaba sola, gritaba con todas sus fuerzas el nombre de Tom. Una vecina la escuchó y llamó a la policía.
Al terminar su relato comenzó a llorar jurando que lo había amado desde que lo conoció. Tom la abrazaba tan fuerte como esa tarde, hacía ya 10 años, que se habían separado.
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