martes, 15 de octubre de 2013

Fantasías felices y realidades tristes

Estar sumergida en un universo paralelo, sin pensar en nada, sin preocupaciones, responsabilidades ni obligaciones. Casi como una utopía de aquello que algunos llaman "vida" y que nunca nadie entenderá en su totalidad.
Permanecer en un mundo perfecto, lleno de flores, colores, paz y armonía es una buena opción para personas completamente despreocupadas, pero en algún momento debemos volver a la realidad y es más duro volver que nunca haberse ido.
Vivir en la realidad implica todo un abanico de problemas, responsabilidades, obligaciones y necesidades que muchas veces golpean fuerte al alma. Nos sentimos débiles, insignificantes. Es imposible no ponerse a pensar en la inmensidad del universo y que en realidad nosotros somos solamente una gota en un enorme océano.
Muchas personas insisten en que no debemos acomplejarnos por problemas insignificantes o sin trascendencia cuando en África hay millones de niños muriéndose de hambre. Esas personas no entienden que aunque existen muchos problemas mayores a los nuestros, nuestro lado egoísta siempre será más fuerte. Eso no está mal, es importante pensar en nosotros mismos de vez en cuando.
La vida es complicada. Está basada en tragar llantos, simular sonrisas y seguir adelante sin mirar hacia atrás. Dejando todo de lado, sólo concentrándose en seguir caminando. Es difícil el camino por caminar, pero el caminado fue peor.
Llega un momento en la vida, en el que nos preguntamos quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos. En ese momento intentamos llenar vacíos con ilusiones que, aunque sabemos que no son reales, nos convencemos de lo contrario. Cuando éstas demuestran ser lo que son, sólo una ilusión, nos destruyen de golpe, si piedad.

En conclusión, la vida está basada en elegir entre vivir en una feliz fantasía eterna y nunca despertar o poner los pies en la tierra, tragarse las lágrimas y avanzar.

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