jueves, 31 de octubre de 2013

Desilusión

Hoy me desperté con ganas de escribir una historia. ¿Una historia sobre qué? Pensé en escribir sobre el desencuentro, pero no le encontré sentido, ya que la vida es un desencuentro y todos estamos condenados a vivirla. Imaginé también historias sobre el amor; con finales felices y tristes, con lagrimas y con sonrisas. Pero ¿Para qué escribir sobre el amor? Aquel que sufre por amor odiará leer cuán feliz o cuán triste es otro, aquel que es feliz en el amor deseará vivir su alegre experiencia sin saber sobre otras personas que no sea la amada y aquel que vive sin amor es incapaz de leer, porque sin amor, no existe la vida.
Decidí, después de largas horas sumida en pensamientos realistas distorsionados por mi joven imaginación voladora, escribir sobre la desilusión. No es difícil desilusionarse en un mundo cruel y corrupto como en el que estamos penados a vivir por el resto de los siglos. ¿Qué es la desilusión en realidad? ¿Quiénes son los verdaderos causantes de la desilusiones cotidianas? Yo creo que la desilusión es aquella tristeza mortal que se presenta cuando otros no cumplen con nuestras expectativas. Por lo tanto, cuando nos desilusionamos sostenemos imperturbablemente que los causantes de nuestra desilusión son todos los demás, pero no es así. Los verdaderos culpables de todas las desilusiones de cada día somos nosotros. Esperamos demasiado de las personas y a veces exigimos cosas imposibles de cumplir.

Con el tiempo he aprendido a no esperar nada de nadie. Es mejor tener una grata sorpresa que una utopía imaginaria rota por exigir demasiado a otras personas.

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